KŪRMĀSANA, la postura de la tortuga

KūRMA ASANA:

La simbología de la tortuga ha estado ilustrado por medio de innumerables anécdotas relatadas en el Vishnu Purana y los Upanishad. Citaremos algunas que confieren a esta postura toda su dimensión simbólica y recuerda así que no es solamente un ejercicio físico sino educativo y espiritual. 

El hombre no debe buscar la sabiduría en la superficie si no en lo profundidad, como la tortuga quien se hunde hacia el fondo del mar. Al igual que ella que llega a la meta con lentitud y determinación, el aprendizaje se hace gradualmente y requiere gran delicadeza. 

Según el pensamiento místico indio:

  • la tortuga simboliza la vida eterna. Su longevidad conduce a asociarla a la idea de inmortalidad. En los sacrificios rituales, una pequeña tortuga viva era puesta en el suelo debajo del altar de ladrillo sobre el que ardía el fuego del sacrificio. Cuando la ceremonia terminaba, se desarmaba el altar y debían encontrar la tortuga viva. 

La leyenda cuanta que la tortuga salió de las entrañas del creador Prajapati, el maestro del universo, para concluir la creación. Ella está emparentada con las divinidades más importantes. 

Vishnu,

con el fin de salvar el mundo de ser engullido en el Océano de la indiferenciación, toma la forma de una tortuga para llevar la tierra. Así asegura su estabilidad en el maremoto que debía proporcionar el néctar de la inmortalidad o Amrita. Salva así todo aquello que el hombre deseaba intensamente: la inmortalidad, la riqueza, la armonía, el poder de sanación, la belleza, la fuerza en su sentido absoluto, la fortaleza física como soporte de la iluminación mental. 

La tortuga simboliza

el cielo en la parte superior de su caparazón, es mediadora entre cielo y tierra a través de su pechera (la parte del vientre). Ella posee de esta manera poderes de la Consciencia, la Sabiduría divina. 

La observación de su comportamiento para la mayoría de los sabios de la tradición jainista es fuente de aprendizaje, y la han considerado una guía, una maestra.

Frente al peligro la tortuga se inmoviliza y mete la cabeza dentro del caparazón. Se vuelve impenetrable de acuerdo a su conformación y solidez. Símbolo de concentración, esta retracción constituye una elocuente imágen espiritual en la tradición induista. De igual manera, los yoguis saben vencer el peligro y practicar pratyahara (abstracción de los sentidos):

« Cuando, como la tortuga mete completamente sus miembros, cuando el hombre aísla sus sentidos de los objetos sensibles, la sabiduría en él es verdaderamente sólida. » (Bhagavad Gita 2-58).

Otras tradiciones (China, Egipto, Grecia…) le han conferido una dimensión cósmica, con sus cuatro patas plantadas en el suelo como un templo indicando las cuatro direcciones del espacio. 

En el siglo VII a.c: Esopo en su fábula La tortuga y la Liebre, utiliza la tortuga como una metáfora de evolución del hombre. « Muchos hombres, por su aplicación y esfuerzo triunfan de sus defectos naturales. »

Del libro Yoga y Simbología, Shri Mahesh.

 

Cuando logramos callar la mente discursiva, al hacer consciente la respiración, ésta como un puente hacia dentro, nos permite volver a escuchar nuestros latidos, recuperamos la dimensión espiritual, nuestro origen cósmico.

Myrna.